e inquietan los susurros de los árboles
y el musical murmullo de la fuente
al derramarse pura en la mañana.
Te solivianta el aire de los pájaros,
el rumor otoñal de la hojarasca,
esa leve caricia de la nieve.
Se conturban tus sienes cuando miras
lo que en la plaza ocurre diariamente,
recelando tragedias imposibles.
Caminar es alarma que no evitas:
con inseguro paso no te atreves
ni a regresar siquiera a tu morada.
Por las calles tu sompa te persigure
como un torvo enemigo de ti mismo
o enajenado can que busca a su amo.
El resol de la tarde preanuncia
esa noche que temes, misteriosa,
erizada de cactos y desvelos.
Te requeman por dentro viejas pasas:
los rescoldos antiguos del pasado
anidan sin ceniza mas te duelen.
Espinas de ansiedad te crucifican
el alma y la conciencia... ¿Qué sospechas?
¿Remordimiento atroz es tu carcoma?
¿Ansiosa expectación? ¿Qué voz de alarma
perturba tu vivir o tus ensueños
y te hace vacilar ante la dicha?
No quieres zozopar aunque te aflijan
los pequeños conflictos familiares,
la confusión, el cambio de las horas...
Desasosiego innato configura
tu existencia... La angustia te desangra.
¿Dulce paz interior reclamas sólo?
Sopevives aún y la amargura
--tribulación que asumes en tus venas--
es el único peso en que gravitas.
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